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A 28 años de la muerte de Juan Carlos Onetti, la historia de amor prohibido con Idea Vilariño | «Éramos dos monstruos»



Juan Carlos Onetti estaba enamorado de ella. Pero se lamentaba. Decía que ella no sentía lo mismo por él. Que no sentía que lo demostrara. “Con la cabeza lo entiendo, pero con el corazón no”, le decía.

Idea Vilariño estaba enamorada de él. Pero se lamentaba. Recuerda el día que todo llegó a su final. Él le dijo que tenía que viajar a Buenos Aires. “Tengo que casarme”, le dijo. Y esa palabra le quedó resonando durante años.

Onetti y Vilariño se conocieron durante una reunión de la revista Número. El novelista estaba invitado, pero a la poeta no le interesaba ir. Fue por la insistencia de su pareja de entonces, Manuel Claps. Su primer amor.

Estuvo seductor. Completamente seductor. Me sedujo a mí y a todos. Cuando se fue quedó en mandar de Buenos Aires los cuentos que se publicarían en la revista Número. A partir de ahí él mandó cartas a Número donde siempre había palabras para mí, la mujer de sonrisa giocondina”, relató Vilariño a María Esther Gilio en una entrevista.

En su extensa relación tuvieron algunos momentos luminosos, donde todo estaba bien. Pero también muchos pozos y zonas oscuras. Y fueron estos momentos los que marcaron ambas obras. Los que llevaron a Idea a escribir su irónico libro “Poemas de amor”.

Él también le dedicó cientos de líneas. Tres años antes de que se publicara el poemario, lanzó su novela “Los adioses”. Desde el exilio, revivió su relación. Después de haberla abandonado por otra mujer. La violinista argentina Dorothea Muhr, con la que “tenía” que casarse, en 1955.

Las idas y vueltas iniciales entre ambos duraron al menos veinte años. “Éramos dos monstruos”, describió Vilariño. Una historia llena de peleas y de reencuentros. De distanasias y acercamientos.

En sus últimos días, Onetti todavía se escribía con Vilariño. Él en Madrid, ella en Montevideo. Se contaban sus sueños, En 1993, apenas unos días de fallecido el narrador, Idea recibe una carta suya. De nuevo aquella voz repitiéndole en voz baja un adiós nunca definitivo, diciéndole en una línea final: «te pago sueño con sueño».

Un poema de Vilariño a Oneti

Ya no

no viviremos juntos

no criaré a tu hijo

no coseré tu ropa

no te tendré de noche

no te besaré al irme

nunca sabrás quién fui

por qué me amaron otros.

No llegaré a saber

por qué ni cómo nunca

ni si era de verdad

lo que dijiste que era

ni quién fuiste

ni qué fui para ti

ni cómo hubiera sido

vivir juntos

querernos

esperarnos

estar.

Ya no soy más que yo

para siempre y tú

ya

no serás para mí

más que tú. Ya no estás

en un día futuro

no sabré dónde vives

con quién

ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca

como esa noche

nunca.

No volverá a tocarte.

No te veré morir.



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