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Con la dulzura del clarinete, cómo fue el concierto de la Filarmónica de Buenos Aires en la Usina del Arte


La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires se presentó en la Usina del Arte, en el marco del ciclo Colón en la Ciudad, con la brasileña Natalia Larangeira como directora invitada y el clarinetista argentino Eloy Fernández Rojas como solista.

Con el esquema convencional de obertura-concierto-sinfonía, se escuchó la obertura de Les héros de Sigismund Neukomm, la Sonata para clarinete y piano (en versión para orquesta de Augusto Reinhold) de Carlos Guastavino y la Sinfonía N˚ 5 de Joseph Haydn.

Guastavino terminó la Sonata en 1970 y se la dedicó al clarinetista argentino Luis Rossi. La emotividad y el lirismo atraviesan sus tres movimientos, y la influencia de diferentes danzas europeas y sudamericanas se combinan a través de un lenguaje cromático y contrapuntístico.

En acción. Larangeira y Fernández Rojas, en la Usina del Arte. Foto Prensa Teatro Colón/Máximo Parpagnoli

En acción. Larangeira y Fernández Rojas, en la Usina del Arte. Foto Prensa Teatro Colón/Máximo Parpagnoli

Fernández Rojas y el lirismo de Guastavino

La sonoridad de Fernández Rojas es delicada, plena, y logró poner de relieve el lirismo noble de Guastavino. El compositor le otorga al clarinete un registro medio, muy cercano a la expresión vocal. La forma de tocar del clarinetista, con una elocuencia abierta, logra que la línea melódica alcance esa expresividad de un canto puro.

Y, precisamente, fue el movimiento lento el más logrado, con su carácter dolce, cantábile y sereno. Sonó precioso el comienzo del Andante con el sonido del clarinete emergiendo de la atmósfera etérea de la orquesta.

Pero no fue sólo por el nivel de expresividad que consiguió Rojas, sosteniendo las frases y el carácter del tema, sino porque es donde mejor funciona la orquestación: con apenas un soporte armónico colorístico, el clarinete se proyectó sin ahogarse en la sonoridad orquestal plena, y también se apreciaron las sutilezas de los colores o sonoridades en los distintos temas.

Algo de la interacción original entre el clarinete y el piano, fundamental en el desarrollo del discurso musical, se perdió en el primero y tercer movimiento.

La Filarmónica de Buenos Aires, Eloy Fernández Rojas (clarinete) y Natalia Larangeira (directora invitada). Foto Prensa Teatro Colón

La Filarmónica de Buenos Aires, Eloy Fernández Rojas (clarinete) y Natalia Larangeira (directora invitada). Foto Prensa Teatro Colón

La línea del clarinete no sobresale en su registro central en el tutti orquestal y la gracia de los ritmos de danza necesitó tiempos más ágiles. Con todo, la melodía dulce y colorida, con carácter de danza, en la coda en el final del primer movimiento sonó más equilibrado.

La apertura

El concierto abrió con una fresca y sutil ejecución de la obertura Les héros de Neukomm, alumno de Joseph Haydn, que vivió entre 1816 y 1821 en Río de Janeiro, y se convirtió en uno de los pioneros en el uso de melodías brasileñas en la música clásica.

La Filarmónica de Buenos Aires, en la Usina del Arte. Foto Prensa Teatro Colón/Máximo Parpagnolli

La Filarmónica de Buenos Aires, en la Usina del Arte. Foto Prensa Teatro Colón/Máximo Parpagnolli

La música fluyó con levedad en la temprana Sinfonía Nº5 de Haydn, que cerró la noche con el lucimiento de la fila de vientos de la orquesta, bajo la batuta de Natalia Larangeira.

La buena acústica de la sala potenció la transparencia de la sonoridad orquestal y los detalles expresivos más pequeños de la lectura minuciosa de la directora. Aunque, a veces, el detalle restó algo de tensión y vértigo en movimientos de carácter más ligero, como en movimiento final, con sus grandilocuentes cambios rápidos y dramáticos.

Ficha

Orquesta Filarmónica de Buenos Aires

Calificación: Buena

Directora: Natalia Larangeira Solista: Eloy Fernández Rojas, clarinete Usina del Arte, jueves 23 de junio.

WD



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