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La gran historia detrás de la elección de Ginóbili en el draft | A 23 años de una noche que cambió la historia del básquet argentino



“Naaaa. Ni loco. ¿Quién me va a elegir en el draft?”

29 de junio de 1999. Macapá, estado de Amapá. La Selección argentina está, insólitamente, a la vera del Amazonas, a horas de jugar un amistoso ante el local. Ninguno de los dos seleccionados llegó a la cita olímpica en Sidney y armaron una serie de partidos en tierras brasileñas, la última demasiado lejos. El humor de los jugadores no es el mejor pero este cronista que escribe tenía que cumplir con su oficio, aunque la respuesta parecía cantada. A un mes de cumplir 22 años, Emanuel David Ginóbili estaba en el año calendario para ser elegido en el draft de la NBA, la famosa selección anual que los equipos hacen para reforzarse, en su mayoría con jugadores de las universidades –aunque ahora hay cada vez más extranjeros-, buscando emparejar la lucha, por eso eligen primeros aquellos a los que les fue peor en la campaña pasada.

Ya era de madrugada cuando el teléfono sonó en el hotel. Desde Argentina avisaban que Manu había sido elegido en el penúltimo lugar (57 de 58). “Andá temprano al hotel, avisale y hacé la nota”, partió la orden desde Buenos Aires, sabiendo que era el único enviado especial. Así fue. Cerca de las 8, cuando todavía le delegación dormía, se pidió autorización al conserje. “A los jugadores no podemos molestarlos, cualquier comunicación es con el jefe de equipo”, fue la respuesta. Así fue que a él le avisamos, quien se encargó de despertar y contarle la buena nueva al escolta bahiense, que en 1997 se había destacado en el Mundial U22 y en el 1998 había debutado con suceso en la Mayor, en el Mundial de Grecia. “¿Es verdad? ¿No me están jodiendo?”, fue lo primero que preguntó en el lobby. Cuando le ratificamos la noticia, tras un momento de incredulidad, nos pusimos a hacer la nota. Reconoció que sabía que los seguían, pero que nunca hubiera pensado que se decidirían a seleccionarlo, admitió que de chico le gustaban los Spurs, por David Robinson, y no quiso soñar mucho más cuando se avanzó hacia otras preguntas…

-¿Te imaginás recibiendo un pase de Duncan para un triple?
-No (risas). Hoy no pienso en la NBA, aún no me siento capacitado para jugar ahí.

Realista, como siempre fue, dijo que debía seguir mejorando en Reggio Calabria, el equipo donde jugaba desde 1998. Justamente, cuando llegó la elección que anunció Rod Thorn –vice de la NBA-, a los conductores de TV del draft dieron ese dato y poco más, además de costarles pronunciar el apellido. «Es perimetral de 1.98 metros, nacido en Argentina. Sabe jugar tras cortinas, sabe mover la pelota para tirar, y es sólido en defensa. Es una buena elección a esta altura». Con lo último, dieron en la tecla. Los Spurs llevaban dos años siguiéndolo, puntualmente RC Buford, quien en ese momento era el flamante Director de scouting de la franquicia –hoy es el mandamás de las operaciones, junto a Gregg Popovich-.

Buford, de 37 años, se apareció en Melbourne, durante el Mundial U22 y se le presentó a Julio Lamas, el DT del seleccionado nacional que estuvo a punto de jugar la final del torneo, si no hubiese sido por un triple agónico de un australiano.

-Le quería pedir datos de un jugador, si puede ser.
-Sí, ¿de quién? ¿Victoriano, Oberto?

Le respondió Lamas, porque en ese momento era las joyas nacionales.

-No, del flaquito.

-¿Ginóbili?

Sí, de él. ¿Cómo es?

Julio se quedó helado pero le dio las primeras referencias. Desde ahí, fue la fuente de consulta permanente de los Spurs, durante dos años. Cada detalle quisieron. Hasta que lo seleccionaron. Tras la elección, el interés se intensificó aún más. A partir del 98, Lamas le envió reportes mensuales a Buford sobre los progresos. RC quería saber todo, hasta lo personal. Ese año fue la primera vez que, aprovechando el viaje de los Spurs a Italia para jugar el McDonald’s Open, el directivo se juntó con la joven figura de Reggio Calabria para conocer más de cerca. Mientras Buford lo seguía de cerca, Pop lo veía en torneos internacionales, como pasó en el Premundial 2001, en el que Manu la rompió y Argentina fue campeón invicta en Neuquén. Entre los que vieron ahí y en la Kinder Bolonia, ya convertida en el mejor equipo europeo tras ganar la Lega, la Copa Italia y la Euroliga, se convencieron que el bahiense era más que Gordan Giricek, el otro prospecto que consideraban seriamente. Se trataba de un escolta croata que era mejor tirador que Manu, pero perdía en los otros apartados, sobre todo pensando en el largo plazo.

Ginóbili y una de las primeras imágenes con la camiseta de Spurs.

El futuro de Ginóbili era tentador. En dos años había pasado de jugar en la segunda división italiana a ser la estrella del mejor equipo de Europa. Y, si vamos tres para atrás, no olvidemos que estaba jugando en la Liga Nacional argentina. «Vieron un enorme progreso en defensa porque sobre su talento ofensivo y mentalidad no dejaba dudas», recuerda quien era el encargado de enviar los reportes. «Estoy maravillado. Nunca vi un competidor así, no tengo dudas de que es lo que necesitamos», dijo Pop, en la intimidad del Mundial 2002, cuando desde la platea vio cómo su pollo y el resto de sus “hermanos de camisetas” destruían rivales, incluyendo al seleccionado de Estados Unidos, el primero que perdía con los NBA tras un invicto de 58 partidos.

Luego quedaba un paso más: convencer a Manu de ficharlo. El argentino era una estrella de Europa y dudaba de la oferta (2.9 millones por dos años). «Si juega bien, renovará por el triple, como ahora Stojakovic», le dijo RC a Lamas para que le dijera a Ginóbili. Buford terminó de convencerlo en una cena, cara a cara, en abril de 2002. «La vamos a pasar muy bien», le dijo. Y vaya si fue así. Manu ganó cuatro anillos, siendo un obrero superestrella, porque hizo todo lo que los equipos necesitaron para ganar, incluyendo resignar titularidad, minutos, tiros y millones de dólares. Un caso prácticamente único en la historia. Por eso su legado va más allá de números, premios y hasta anillos. Una huella que no le alcanzó para estar entre los 75 más importantes jugadores de la historia, pero sí para ingresar al Salón de la Fama -el 10 de septiembre será la ceremonia-.

Cuando Manu creía que iba a usar la camiseta 6, que le pertenecía a Avery Johnson

Por todo lo que hizo, el de Manu es considerado uno de los mayores “robos” de la historia del draft. Nikola Jokic, hoy ya una superestrella que carga con su equipo, lo supera. Fue elegido antes que Manu, con el pick N° 41 de la segunda ronda del 2014, pero los dos MVP seguidos lo apartan de un lugar que Ginóbili nunca ocupó en la NBA. Draymond Green (posición #35 del 2012), seguramente está en el mismo nivel que MG, aunque claro fue elegido 22 puestos antes. Drazen Petrovic (#60, 3ra ronda, 1986), Isaiah Thomas (#60, 2da, de 2011), Marc Gasol (#48 en 2007), Jeff Hornacek (#46 en 1986) y Lou Williams (#45 en 2005) entran en la consideración, aunque son superados por Manu.

La diferencia con Manu, en la mayoría de los casos, es que casi nadie esperaba nada, porque era un desconocido. Incluso para sus compañeros que lo recibieron en la ciudad. Tim Duncan lo contó con claridad la noche que los Spurs retiraron la camiseta N° 20, en un acto reservado sólo para las leyendas. “Yo, habitualmente, me sentaba a ver el draft, aunque no tenía muchas ganas porque generalmente elegíamos a gente que nunca había sentido ni nombrar. Y esa noche lo vi, cuando escuché su nombre (imitó el apellido de Manu, con su pronunciación), lo llamé a Pop para ver quién era… Me dijo ‘va a ser grandioso, no sé qué más’. Y yo le dije ‘okey, Pop, como digas’”, dejando claro Tim que no le tenía mucha confianza a la selección. Un par de años, en un torneo, vio por primera vez a aquella “loca” apuesta del entrenador. “Lo encontré un verano, se me acercó, me dijo su nombre y que estaba en los Spurs”, rememoró en un especie de documental que la franquicia hizo con el tridente y Pop sentado en la mitad de la cancha, recordando los inicios del trío. “No, no lo estás, pensé yo, como que era uno más de los experimentos de Pop que ni siquiera llegaría a conocer”, comentó mientras todos reían.

Así fue en ese momento. Era un desconocido. Un desconocido que ayudó a cambiar el rumbo de una franquicia, que colaboró en el cambio de la concepción del juego y los roles, que formó uno de los Big 3 más recordados de siempre, que patentó uno de las jugadas más emblemáticas de la historia y que marcó la vida y carrera de tantos. Desde aquella noche en Macapá que, mientras dormía, su nombre empezó a ser conocido en el gran mundo del deporte.



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