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El Mundial de fútbol masculino y las escuelas | FUTBOL Reflexiones acerca del valor pedagógico del deporte en torno a Qatar 2022



Al ministro de Educación de la Nación, Jaime Perczyc, le preguntaron hace unos días qué harían las escuelas durante el Mundial masculino de fútbol que se organizará a fin de año en Qatar. Afirmó: “Nosotros creemos que hay que pasar los partidos de Argentina en las escuelas y llenarlos de contenido”. Y agregó que el evento “es una excelente oportunidad para despertar el interés y para trabajar vinculando cuestiones de formación ética, historia, ciencias sociales, geografía, literatura o matemática”.

Las declaraciones de Perczyc continúan una saludable iniciativa que ese ministerio ha sostenido al menos en las últimas cuatro ediciones del Mundial masculino. Desde el 2006, ha publicado, como aclaraba el cuadernillo de aquel año, “material didáctico (para explorar el Mundial) destinado a todas las escuelas del país”. Cuatro años más tarde, la publicación puntualizaba que tenía “un objetivo claramente definido y es convertir al Mundial 2010 en una oportunidad pedagógica”. Para el 2014, Perczyc, entonces secretario de Educacion de la Nación, indicaba: “La escuela puede apropiarse de esta enorme oportunidad pedagógica” y es capaz “de incluir en las aulas las vivencias que nos hacen ser quienes somos”. La presentación de la última publicación, en 2018, remarcaba que el torneo es un hecho cultural trascendente que las escuelas deben abordar.

En la iniciativa subyace una concepción del deporte, propuesta por el antropólogo Clifford Geertz, como un texto (una estructura simbólica creada y sustentada colectivamente) a través del cual los pueblos se cuentan cuentos a sí mismos sobre sí mismos. Su colega Eduardo Archetti lo decía de una forma diferente, pero con puntos de contacto: el deporte es un espejo donde verse y ser visto. Esta actividad, proseguía, es “un espacio en donde producir imaginarios, símbolos y héroes”. Verse y ser visto implica, en términos de Geertz, narrarse. De esta manera, el fútbol, por su popularidad, es articulado como un texto digno de interpretación porque en él se manifiesta el ethos (o carácter) de un pueblo. Por ello, Geertz argumentaba que el deporte es una especie de educación sentimental donde se aprende ese ethos. De allí que Perczyc explicara que el fútbol nos hace ser quienes somos.

La concepción geertziana del deporte es apta para que los/as docentes provean al Mundial masculino de contenido. Adentrarse e indagar sobre lo que el fútbol, nacional e internacional, nos dice abre ricas oportunidades para vincularlo con diferentes áreas del currículo vigente. Después de todo, se comprende mejor cómo se manifiesta el ethos nacional en el Mundial masculino, y cómo nos familiarizamos con él y sus complejidades, analizando su historia, sus dimensiones sociales, políticas y económicas, así como sus relaciones con otros textos como la música, el cine o la literatura. Geertz proponía que las sociedades encierran, en el deporte y demás textos, sus propias interpretaciones. “Lo único que se necesita,” aseveraba, “es aprender la manera de tener acceso a ellas”. La articulación pedagógica cuidadosa y continua del Mundial masculino en las escuelas coadyuva con ese aprendizaje.

A pesar de sus ventajas, la concepción geertziana del deporte es susceptible de ser complementada enfatizando en su lógica constitutiva y su moralidad interna, cuestiones que pueden perderse de vista o relegarse al enfatizar que el mismo es un medio para decir “algo sobre algo”. Siguiendo al filósofo Alasdair MacIntyre puede sostenerse que el deporte es una práctica social. O sea, es una actividad coherente y compleja de carácter cooperativo con bienes internos (aquellos que sólo se materializan por medio de la práctica en cuestión –en el caso del fútbol sus habilidades y tácticas–), estándares de excelencia y virtudes. Los dos primeros elementos son importantes porque al constituirlas y definirlas proveen a las prácticas sociales con una identidad propia y única. El tercero porque permite su manutención y prosperidad. En este sentido, el deporte es intrínsecamente valioso. Reconocerlo como tal abre la posibilidad de encaminarse en una vida significativa signada por su cultivo y su ennoblecimiento. Esta perspectiva del deporte también debería ser parte del contenido que los/as docentes proveerán al próximo Mundial masculino. El evento facilita e invita a explorar qué lugar debería ocupar el fútbol en una vida satisfactoria, qué significa vivir el fútbol satisfactoriamente o qué tipo de satisfacción emerge de una vida futbolística.

Es posible, y muy fructífero, proveer de contenido al próximo Mundial masculino articulando al fútbol como texto al igual que como práctica social intrínsecamente valiosa. Esto, como enfatizaba en 2014 Alberto Sileoni, entonces ministro de Educación de la Nación, debe hacerse en forma crítica y cuestionando prejuicios, para armar preguntas propias eludiendo estereotipos y “rearmar una realidad más amplia, más rica y, sobre todo, afincada en los valores de libertad, justicia y democracia”. Solo así, se “aprovecha, educativamente, esta genuina pasión nacional”. La clave es desmenuzar los modos en que, a menudo, el deporte margina.

Las recientes declaraciones de Perczyc fueron realizadas mientras se realizaba la Copa América femenina. Lamentablemente, a ese torneo se accede únicamente con suscripción a un canal de televisión por cable. Sería acertado que las asimetrías futbolísticas de género, que invisibilizan a la categoría femenina, formen parte de la iniciativa del Ministerio de Educacion. El cuadernillo diseñado para el Mundial masculino de 2018 explicaba que “en el último tiempo la mujer ha ido ganando espacios de participación al derribar barreras que la excluían y relegaban”. Sin embargo, pese a esos avances, aún estamos lejos de la igualdad de género. ¿Cuándo llegará el día en que las autoridades educativas permitan y alienten a ver los partidos más relevantes de la selección femenina de fútbol en las escuelas? Al fin de cuentas, el fútbol femenino también dice algo sobre la sociedad y conforma un horizonte vital para sus practicantes.

* Doctor en Filosofía e Historia del Deporte. Docente en la Universidad del Estado de Nueva York (Brockport).



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