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Como vive la psicosis cambiaria un arbolito | La mirada de los que captan clientes del dólar blue en la calle



Cueva conocida, cueva delivery, dólar bolsa, amigos que desahorran, arbolitos en Florida, dólar cripto. Con la ampliación de la brecha cambiaria, evolucionaron otras formas de acceder a dólares más allá del cupo permitido de 200 mensuales. En semanas de inestabilidad del tipo de cambio con la cotización del dólar ilegal tomando especial protagonismo, PáginaI12 caminó por Florida y habló con cueveros y arbolitos para conocer cómo se vive el caos cambiario desde el otro lado del mostrador. 

«Pasa la gente apurada y en vez de leer el diario me preguntan a mi cuánto está el dólar, de chusmas y para renegar», cuenta Luis Miguel, que es peruano y trabaja hace unos meses de arbolito en la esquina de Florida y Perón, «y me contestan se va todo al carajo, como dicen ustedes», se ríe. En dos oraciones, Luis Miguel resume el ánimo de un país que no sabe qué hacer ante la incertidumbre que genera la inestabilidad del tipo de cambio. 

A los saltos

En los últimos quince días hábiles desde la renuncia de Martín Guzmán al frente del Ministerio de Economía, el dólar blue pasó de valer 239 a 338 pesos, aumentando 99 pesos, casi 42 por ciento su valor. Los mayores picos se dieron el lunes siguiente a la renuncia (pasó de 239 a 260 ese 4 de julio) y el miércoles y jueves pasado que, después de haber superado la barrera psicológica de los 300 pesos, aumentó 6 por ciento cada día.  

Las tapas de diarios y los zócalos de alerta en la televisión expresan algo de cómo vive la gente la devaluación del peso frente al dólar paralelo. Más por el impacto que tiene en los bolsillos vía precios, con remarcaciones de hasta 20 por ciento en menos de una semana, que por el efectivo acceso a la divisa. Del otro lado del mostrador, los arbolitos de la calle Florida y las cuevas en todos los barrios de la capital, sufren la histeria de los clientes.

Perro que ladra

El gobierno insiste en relativizar la importancia de la cotización del dólar blue. En números, se justifica: es que el mercado paralelo opera 3 millones de dólares diarios, frente a los 1.000 millones del mercado oficial. En impacto, no: arbolitos y cueveros coinciden en que apenas empezó a aumentar la brecha cambiaria había más operatorias de compra venta, estaban los que compran para protegerse de una posible mayor pérdida de valor del peso y los que venden porque tienen dólares y les conviene que esté al alza.

Pero que ahora al contrario, que todo se paró: «Estos últimos días se calmó, la garganta seca tenemos de gritar y ya no hay tanta gente, ¿no ves?», dice Laura, una chica venezolana que trabaja para una cueva en Florida. Juan Pablo, dueño de una casa de cambio con oficinas en el centro, Palermo y Villa del Parque y servicio de delivery en toda la ciudad, tiene una hipótesis sobre el tema: «Es que el que se decidió a comprar con la moneda al alza ya compró, la estrategia del resto es esperar».

Hace diez días, cuando empezó la corrida más aceleradamente, sí aumentó más la compra venta, «exponencialmente» recuerda Juan Pablo. Laura le pone números: «yo atiendo diez cambios promedio por día y esa semana se duplicaron, atendí por lo menos a 20 personas por día». 

Psicosis

Juan Pablo tiene clientes fijos, en general empresas, profesionales independientes del sector real state, dueños de agencias de viaje, de flotas de taxis. La mayoría argentinos pero también turistas que vienen recomendados por algunos de sus clientes. Estas últimas semanas su oficina tuvo especial movimiento pero, sobre todo, de consultas. «La psicosis», explica, «es más que nada en consultas, no tanto en cerrar operaciones». «Parece navidad de la cantidad de gente que pasa a preguntar cotizaciones, pero pocos terminan comprando», complementa Soledad, arbolito que para desde hace 20 años enfrente de un puesto de flores en Florida.

Arbolitos y cueveros coinciden en que con el dólar aumentan las consultas, pero tanta inestabilidad hacer mermar las operaciones, en que hay algo que se sostiene y no cede: la histeria.

Todo verde

A cualquier hora del día, todos los días del mes, los doce meses del año, suena en la calle Florida, en el centro de la Ciudad de Buenos Aires, una melodía particular. El “Cambio, dólar cambio. Cambio dólar, euro, real, cambio” se escucha metro a metro, en sus diferentes versiones. “Change money, troco real, cambio. Pago más». Los artistas son los arbolitos, hombres o mujeres que viven de la compra- venta de moneda extranjera en el mercado ilegal.

Los arbolitos son el último eslabón de un bosque ilegal de moneda extranjera que se complejiza y evoluciona por la obsesión del argentino por el dólar. Las cuevas, cada vez más confiables y con incluso un servicio a domicilio, hicieron que muchos de ellos se extinguieran. Soledad trabaja desde hace veinte de años de esto y lo corrobora, «hay cada vez menos gente en el rubro, y duran poco además». Ganan entre 1.500 y 3.000 pesos por día en una jornada de ocho horas, y arreglan con sus jefes (todos trabajan para alguien) en flexibilizar horarios para poder tener otro ingreso: Luis Miguel, además, vende paltas en la calle; Soledad vende ropa y juguetes por Mercado Libre y Laura es mantera. La changa del arbolito es apenas un complemento de su ingreso.

Cuevas «amigas»

Existen también las «cuevas amigas» para acceder al dólar ilegal, muchas de las cuales ofrecen servicio de delivery. Sin ir más lejos, fue la propia Organización de las Naciones Unidas (ONU) que recomendaba a funcionarios que tenían que viajar a Argentina una «cueva delivery» para adquirir pesos para sus gastos diarios vendiendo divisas en el mercado del dólar ilegal: «La moneda del país es el peso argentino. Para abonar, les recomendamos traer dólares y cambiar a pesos. Existen varias cotizaciones de dólar (una oficial y un mercado paralelo-blue). Pueden coordinar por Whatsapp y, si lo desean, las personas se acercan al hotel a realizar el cambio tipo blue», recomendaba en un comunicado que se viralizó por su descaro.

La obsesión por el dólar no termina ahí. Ante la pregunta de cómo compran dólares más allá del cupo permitido, la gente contesta: «Cueva amiga», «cueva a mejor precio», «amigos que venden», «compro Stablecoins», «giftcard de Amazon». También: «No compro ni los doscientos mensuales», digamos todo. 

Perdemos todos

Si intuitivamente se piensa que estos saltos del tipo de cambio benefician a arbolitos y cueveros, ellos se encargan de subrayar que no. Caos, psicosis, histeria son las palabras que aparecen cuando recuerdan su semana. Todos coinciden en que no les conviene trabajar así. 

«No puedo operar un delivery a media hora porque te puede subir seis pesos la moneda en minutos. Suspendí determinados servicios, porque pierdo plata», explica su semana Juan Pablo. «La gente está muy nerviosa y te pelea», dice Soledad, «Por ahí cierro a un precio y cuando voy a buscar la plata ya subió y tengo que actualizar y te pelean mucho. Es súper estresante trabajar de esta manera». Sobre los turistas, que movilizan gran parte de esos 3 millones diarios que operan en el blue aprovechando la brecha cambiaria, «vienen con muchas exigencias, si no les vendes a lo que dice la tele no te lo compran y siguen caminando», cuenta.

«Para nosotros no es algo bueno ni que queremos. Los que estamos en el sistema cambiario queremos estabilidad para trabajar tranquilos. No nos beneficia ni nos interesa que el dólar escale porque genera incertidumbre en todos. Las corridas nos exigen muchísimo mas en todo sentido», deja en claro Juan Pablo. 

Es sábado está lluvioso y la música sigue sonando. Juan Pablo no opera desde la oficina hoy. Cuento 13 arbolitos en la cuadra de Florida entre Corrientes y Sarmiento. Otros 14 para el otro lado, hasta Lavalle. Hoy venden a 337, 338, 339 pesos el dólar. Ellos viven de la ilegalidad, pero no se ocultan. Musicalizan una de las calles principales de la Ciudad.



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