jueves, diciembre 1HOLA OCAMPO!!

Se armó una exitosa cumbre funk para celebrar a Willy Crook y los Funky Torinos


Un mes atrás, el 27 de junio, se cumplió un año de la temprana muerte de Willy Crook, a los 55 años, luego de pasar más de dos semanas en una unidad de terapia intensiva tras sufrir un accidente cerebrovascular.

Hoy, ante la ausencia del capitán, será su propia banda Funky Torinos la que aprese el timón de aquel crucero de placer en una serie de conciertos donde celebrarán la música de Crook a fines de julio (28, 29 y 30) y agosto.

Valentino, Patan y Timoty, musicos de Funky Torinos. Foto Martín Bonetto

Valentino, Patan y Timoty, musicos de Funky Torinos. Foto Martín Bonetto

Las entradas de las primeras tres fechas en Rondemán, Lavalle 3177, ya volaron y por presión de los pasajeros de cubierta agregaron dos nuevas para el 18 y 19 de agosto.

La nave también visitará Escobar (31/7, Teatro Seminari), Rosario (5/8, CC Güemes) y Córdoba (6/8, Club Paraguay). En los próximos días se irán confirmando otros destino, como Salta y Mar Del Plata.

Un seleccionado de lujo

El elenco completo de músicos para la celebración de la música de Willy Crook. Foto de prensa.

El elenco completo de músicos para la celebración de la música de Willy Crook. Foto de prensa.

Será una cumbre funk de características internacionales porque Fernando Lupano (primer bajista de Willy Crook solista, conocido por sus anteriores trabajos con Miguel Mateos, La Torre y Charly García), volará desde España para estar presente, y Ryan Anderson, guitarrista y cantante que formó parte de una formación alternativa de Crook llamada The Royal We, emprenderá el largo viaje desde Texas.

El tecladista Patán Vidal, el guitarrista Juan Manuel Valentino y el baterista Timoty Cid conforman hoy lo que festivamente llaman la “línea fundadora” de los Funky Torinos, y serán los que den soporte a una galaxia variopinta de vocalistas como Déborah Dixon, Miguel Zavaleta, el conductor radial Dany Jimenez, Aimé Cantilo, Graciela Cosceri y Nina Portela, entre otros que se repartirán en las diferentes veladas para tributar al gran Crook.

Hay más nombres importantes en la línea de vientos: Miguel Tallarita, Santiago Castellani y Juan Manuel Torres.

“Willy era muy querido –reconoce Valentino-, por lo que apenas se supo del proyecto, no solo la gente quiso venir a ver el show, sino que un montón de otros músicos quisieron participar”.

“La iniciativa la tuvo Ezequiel Losada de Omertá Discos –cuenta Patán Vidal- y nos dieron ganas de celebrar la música de los Funky Torinos y por eso reunimos esta formación del grupo que es la de los años 90”.

Aquel Willy ricotero

La estampa de Willy Crook en el 2000. Foto: Marcovich

La estampa de Willy Crook en el 2000. Foto: Marcovich

Willy Crook podía ser un pirata, un filósofo, un comediante o un músico serio. Por lo general era todas esas cosas al mismo tiempo, en un remolino constante de personalidades.

Los más viejos de la tribu lo recuerdan como al joven saxofonista de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota que a veces osaba hacerle un chiste al mismísimo Indio Solari… ¡sobre el escenario!

Cuando Willy murió, Solari recordó su valentía manifestada alrededor de 1984, en el legendario barco María Sí atracado en Vuelta de Rocha, cuando él solo salió a pelearle a unos forajidos que habían causado alboroto en un show ricotero. Manoteó lo que pudo en la confusión y pertrechado con un pedal de bombo ahuyentó a la turba molesta.

Después de la grabación de Oktubre, segundo álbum de los de Ricota, Willy fue parte de una purga en la formación de Los Redonditos en la que solo quedaron el Indio Solari y Skay dentro del grupo, y decidió dirigir sus velas rumbo a España, donde hizo migas y otras cosas con Daniel Melingo, con quien compartió acordes en ese gran proyecto que fue Lions In Love durante los primeros brotes de los años ’90.

La hora de ser solista

Willy Crook. Foto: Julieta Gómez Bidondo

Willy Crook. Foto: Julieta Gómez Bidondo

Un buen día llevó un manojo de canciones para ser puestas en consideración de Melingo, que respondió con una frase que lo conmocionó: “Me parece que estas canciones ya están maduras como para tu primer disco solista”.

Eso enfrentó a Willy con su propia consigna de ser “capitán de su propio bote y no marinero de transatlántico ajeno”, y levó anclas con destino a Big Bombo Mamma, su primer álbum solista publicado en 1995, y producido por su sponsor oficial, Daniel Melingo.

El disco creció con inesperada difusión radial que lo alentó a dos cosas: consolidarse como solista y cantante, dejando el saxo a un costado y empuñando una guitarra, y decidirse a pulir su revuelto de ritmos negros que incluía reggae, funk, dub y soul.

Los Funky Torinos, su grupo de acompañantes musicales y a veces acompañantes terapéuticos, pusieron primera en 1997 con la edición de un segundo disco, convenientemente llamado Willy Crook & Funky Torinos, y llegaron a modestos escenarios propios y a transatlánticos ajenos también, como cuando fueron teloneros de David Bowie y del mismísimo James Brown.

“El nombre Funky Torinos –revela hoy el baterista Timoty Cid- lo puso Roberto Pettinato por unos anteojos oscuros que usaba Willy”.

La raíz del funk local

Valentino, el emblemático guitarrista de Funky Torinos. Foto: Martin Bonetto.

Valentino, el emblemático guitarrista de Funky Torinos. Foto: Martin Bonetto.

En los años ’80 hubo grupos argentinos que quisieron abordar el funk como nota de color para nutrir a su estilo propio, e incluso como estilo de cabecera. Pero la gran mayoría tropezó con la misma piedra: la carencia del swing necesario para esta clase de música negra, ligeramente sincopada.

Willy Crook fue uno de los primeros en descubrir el error: no había que hacerlo con músicos de rock sino con músicos de jazz (Illya Kuryaki & The Valderramas llegaría a idéntica conclusión casi al mismo tiempo).

En su incansable peregrinar por la noche porteña de los años ’90, Willy descubrió a Patán Vidal y a Valentino tocando blues en el histórico Samovar de Rasputín en La Boca. “¿Pero qué hacen ustedes acá?”, les espetó y los subió al Torino que se puso funky y picante.

Durante el siguiente verano se incorporó una base rítmica con Jorge Pasquali en el bajo y el baterista Timoty Cid, que señala que “lograr el sonido de los Funky Torinos fue todo un proceso y se fue dando naturalmente. Willy se dejaba influenciar por los músicos con los que estaba; cuando tocaba Lupano, por ejemplo, la banda sonaba más a Lupano y cuando tocaba otro, lo mismo».

Y agrega: «Cuando tocábamos en vivo hacíamos los arreglos sobre el escenario; él tocaba lo que creía que tenía que tocar, y todos éramos un poco así, más libres, entonces la música quedaba conformada por las ideas de todos. Eso Willy lo permitía, lo fomentaba, y fue lo que le dio la onda argenta al funk o soul que nosotros tocábamos”.

“Lo recuerdo como a un hermano de la ruta –reflexiona Valentino-, cuando toco extraño esa segunda guitarra con wah-wah que él hacía atrás, que estaba buenísima. Aunque parezca mentira, aprendimos a ser profesionales con él. Trabajábamos, nos peleábamos, nos amábamos y a la noche dormíamos todos en el mismo lugar. Saber llevar eso es parte de ser profesional. Todo al mismo tiempo».

«Y además Willy era un tipo que tenía un sentido del humor fabuloso y yo decía: ‘¡Qué genio! ¿Por qué no se me ocurre a mí?’. Las frases de él yo las decía con mis amigos y quedaba como un capo pero se las había robado a él”.

El Willy pendenciero

No se le haría justicia a Willy Crook si solo se hablara de su aspecto musical. Así como se peleaba con los matones, a veces perdía con la policía y en 1994 terminó internado en el Hospital Borda por unos días, más por incapacidad policial de saber qué hacer con él que por cuestiones psiquiátricas.

En otras ocasiones, los rivales eran sus propios músicos. Timoty recuerda una noche en la que Willy hizo enfurecer a Patán que lo quería desollar vivo en un camarín.

“Yo lo quería frenar a Patán porque sin Willy no íbamos a poder hacer la segunda parte del show, pero él hizo un movimiento tal que yo terminé arriba de un caballete y en vez de Timoty pasé a llamarme Graciela. Willy aprovechó mis gritos y se fue corriendo por entremedio de la gente, saltó por una ventana, paró un taxi y se fue. El mánager paró otro taxi que venía detrás y lo siguió como en las películas. Nadie volvió aquella noche”.

Patán consigna que la secuencia aconteció en un fenecido bar llamado República De Acá en las inmediaciones de Plaza Serrano. Y agrega: “Siempre me sentí muy identificado con él en algo: se tomaba la joda muy en serio. Era un cómplice en la música y en el humor”.

Dignidad y calidad

La reflexión final queda a cargo del alma mater de esta celebración de la música y la figura de Willy Crook, Ezequiel Losada, hombre perteneciente al rubro gastronómico y cara visible de Omertá Discos, que antes de fin de año editará un disco con el último show completo de Willy, grabado en Rondeman .

“Hay que tener en cuenta algo al hablar de Willy como músico, y es que él siempre marcó unas pautas de calidad, y creo que a todos nos enseñó una cuestión de dignidad que fue aprendiendo desde chico, porque no hay que olvidarse que cuando comenzó con Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota tenía solo 17 años. A pesar de sus excesos y algunas locuras, Willy siempre fue muy profesional y tenía un estándar de calidad muy importante, por eso reclutó a estos músicos para los Funky Torinos. No fue una casualidad».

Y remata: «Cuando él regresó de España había trabajado mucho como DJ, y estaba muy en boga el acid-jazz, y creo que cuando conoce a Patán, Valentino y Timoty le cierra el círculo para el bagaje que él traía consigo. Por eso la idea de juntar a los Funky Torinos para este homenaje era fundamental, porque fue con ellos donde encontró como volcar esa cuestión artística suya donde el piso era muy alto. Y lo sigue siendo”.

MFB



Source link

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *