miércoles, septiembre 28HOLA OCAMPO!!

Charles Dutoit, una leyenda de la música que ama Buenos Aires y es el mejor compañero de Martha Argerich


El director de orquesta suizo Charles Dutoit, de impecables 86 años y una energía inagotable, está en Buenos Aires para dirigir la Orquesta Filarmónica en el Festival Argerich. En el concierto de apertura del viernes 12 de agosto, dirigió la Sinfonía Fantástica de Berlioz y el Concierto en Sol para piano y orquesta de Ravel, con Martha Argerich como solista.

Antes de eso, ensayó desde las diez de la mañana hasta las cinco de la tarde, con apenas una hora de almuerzo en el medio. Para no perder tiempo saliendo del teatro, almuerza en el comedor comunitario del Teatro Colón.

Después de una jornada larga de ensayos, el Maestro Dutoit recibe a Clarín con una gran calidez y simpatía en el hotel donde está alojado, cerca del teatro. Convida café y comienza la charla de tono informal, en un castellano al que se le fueron pegando con algunos giros porteños.

Charles Dutoit vino por primera vez a Buenos Aires en 1958. La ciudad lo enamoró. Foto Juano Tesone

Charles Dutoit vino por primera vez a Buenos Aires en 1958. La ciudad lo enamoró. Foto Juano Tesone

Buenos Aires, una ciudad que le gusta​

-¿Cuándo fue la última vez que estuvo en Buenos Aires?

-Vine hace diecisiete años a vender un departamento que tenía aquí. Y como músico, hace mucho tiempo que no vengo. Después de la huelga que hubo aquí, no pude terminar el ciclo de Wagner, que habíamos empezado en 2002.

-¿Cómo fue el reencuentro con la ciudad después de tantos años?

-Buenos Aires siempre me ha gustado, desde mi primer viaje en 1958, donde toqué en el Teatro Colón como violista. En esa oportunidad tocamos también en Mendoza, Rosario, Chile, Uruguay, Brasil…

-Para decidir tener una casa en Buenos Aires, armó un vínculo importante con esta ciudad. Con Argerich iban a casarse aquí pero como no existía el divorcio en la Argentina de los ’60, tuvieron que hacerlo en Uruguay. Imagino que su matrimonio con Martha algo tiene que ver con su relación con Argentina pero, incluso después de divorciarse, usted continuó viniendo. ¿Qué lo fue uniendo tanto a este lugar?

-Creo que, naturalmente, con Martha hicimos muchos conciertos aquí cuando ella tenía a su madre. Me gusta venir aquí, es tan lejos, catorce horas de avión desde Ginebra. Es horrible.

-¡Por eso! Hay que querer mucho a este lugar para someterse a la exigencia de viajar tantas horas.

Me siento un poco como en mi casa, es parte de mi vida, y me parece muy natural estar acá. Empecé con la Orquesta Nacional en el año 1964, más o menos. Después con la Filarmónica… conocí a Calderón. También hice Master Classes de dirección de orquesta, en una oportunidad vino Gustavo Dudamel como alumno. Hicimos la Sinfonía Fantástica de Berlioz, cada alumno dirigía un movimiento.

-Comentaba el otro día que el mismo árbol que está en la plaza frente al Teatro Colón, estaba cuando vino en 1958. Sigue reencontrándose con paisaje familiar después de tantos años. Es conmovedor, ¿no?

Compenetrado. Dutoit hizo jornadas de ensayos de siete horas. Sólo se detuvo para comer en el comedor comunitario del Colón. Foto Juano Tesone

Compenetrado. Dutoit hizo jornadas de ensayos de siete horas. Sólo se detuvo para comer en el comedor comunitario del Colón. Foto Juano Tesone

-Sí. Es muy fantástico. Es increíble.

Una obra atravesada por su historia personal

-Va a hacer Historia de un soldado en el Festival. Es una obra atravesada por cuestiones históricas que se vuelven a actualizar en nuestro presente: la guerra, la gripe española que paralizó su estreno, y nuevamente una pandemia paralizó su realización aquí hace dos años. Y también la obra está atravesada por su historia personal.

-Estaba estudiando la obra para recibirme de director cuando conocí a Martha. Ella la conoció porque yo la estaba estudiando y pudo tocar algunas cosas en el piano, sin ver la partitura, sólo por escucharla. Estaba muy interesada en la obra.

Hoy día no es una obra difícil para dirigir, pero hace sesenta años era problemática por la falta de experiencia con los ritmos de Stravinski. Yo nunca encontré dificultades, pero otros directores más grandes que yo estaban apabullados por la obra. No podían dirigir esa música con facilidad.

-Y la obra nos lleva también a su mentor y maestro, Ernest Ansermet…

-Hizo el estreno de Historia de un soldado en Lausana, Ginebra, donde yo nací. El hijo de Stravinski tenía nueve años en ese estreno y realizó un dibujo increíble. Es el único documento del evento, porque fotos no hay. Lamentablemente se tocó solo una vez porque después se enfermaron todos.

-¿Qué recuerda de la primera vez que dirigió Historia de un soldado?

-Me fue muy bien, fue un gran éxito. En el jurado estaba Alceo Galliera, que era un director italiano, bastante famoso porque hizo grabaciones con Dino Lipatti. Me invitó inmediatamente a estudiar con él en Siena, en La Accademia Musicale Chigiana, que fue algo fantástico para mí.

Charles Dutoit es experto en Stravinski y llegó a conocerlo. Foto Juano Tesone

Charles Dutoit es experto en Stravinski y llegó a conocerlo. Foto Juano Tesone

Él me dijo que tenía que hacer El Pájaro de fuego, de Stravinski, y fue otro éxito. Y después me pidieron otro Stravinski, y otro, hasta que vino la Consagración de la primavera en 1964. Stravinski estuvo siempre conmigo.

Su historia con Stravinski

-Y llegó a conocerlo personalmente. ¿Qué recuerda de ese encuentro?

-Fue en Nueva York. Había ido a Boston para estudiar con Charles Munch, pero estaba muy ocupado, así que no puedo decir que fue mi maestro. Pero tuve un profesor de contrapunto y armonía, el compositor americano Lukas Foss, alumno de Nadia Boulanger, y hablaba muy bien francés.

Un día tomé una avioneta para ir de Boston a New York, por casualidad estaba Foss sentado a mi lado y me dijo que Stravinski estaba en New York para dirigir su última obra, Movimientos para piano y orquesta.

Cuando me enteré, quise quedarme en Nueva York. No tenía dinero, vengo de una familia humilde, pero tenía unos amigos donde alojarme. Entonces fui a los ensayos, en el teatro City Hall. El secretario de Stravinski me dijo que no podía entrar a los ensayos.

-Robert Craft, ¿no?

-Sí. Por fortuna me volví a encontrar con Lukas Foss y me dijo que iba a tocar en el concierto. Le comenté que no podía entrar al ensayo, y él me hizo entrar para pasar las páginas de la partitura.

Había cuatro pianos y Stravinski, la obra era Las bodas. Foss tocaba el segundo piano, Aaron Copland el primero, Samuel Barber el piano tres y el cuarto Roger Sessions. Stravinski estuvo en los ensayos y ahí nos vimos. Durante las pausas, él se quedaba en su atril y yo hablaba en francés con él, le encantaba hablar en francés.

Hablamos de Ansermet, de Morges, la ciudad donde pasó su exilio. Ahora yo vivo en Morges, a 200 metros de la casa de Stravinski, donde escribió Historia de un soldado. Así fue la historia de mi encuentro con él. En el disco que se grabó para Columbia estoy en las fotos. Fue muy importante en mi vida esa experiencia.

-Y siguiendo estas tramas de cruces curiosos, Stravinski tuvo una relación con Argentina gracias a Victoria Ocampo y Ernest Ansermet, su mentor. Stravinski vino por primera vez para dirigir Persephone, en el Teatro Colón en 1936, y luego volvió en 1962, invitado por el Mozarteum. Así que, este año se cumple un aniversario de su última visita.

-Sí, vi las fotos. Ansermet vino a dirigir tres o cuatro temporadas aquí. Muchos artistas vinieron acá después de la guerra porque había dinero y el Teatro Colón era un lujo para todos. Es impresionante tener estas conexiones con toda esta gente.

Su hija, también conectada a Buenos Aires

Charles Dutoit compartirá escenario con su hija Annie, en "Historia de un soldado". Foto Juano Tesone

Charles Dutoit compartirá escenario con su hija Annie, en «Historia de un soldado». Foto Juano Tesone

-También es impresionante que su hija Annie hizo su propio vínculo fuerte con esta ciudad. Y va a compartir escenario con usted y Martha.

-Me parece muy natural. Hicimos Historia de un soldado en Hamburgo, en un festival.

-¿Cómo es su relación con Annie?

-Tenemos una muy buena relación. El éxito que ha tenido aquí con la obra de teatro (¿Quién es Clara Wieck?) es impresionante. Annie es una persona con mucha educación, tiene dos doctorados, quiero decir: no es «miss nobody» (Señorita nadie).

Tiene un bagaje intelectual muy importante y una mentalidad muy profesional. Eligió cambiar de vida y me parece increíble lo que hizo. Vamos a hacer con ella una obra de Honneger el año próximo, acá en Buenos Aires.

-Hablando de las relaciones. ¿En qué se sostiene una relación de amistad como la que tiene con Martha, hace más de sesenta años?

-Somos amigos desde siempre, nos conocimos cuando ella tenía dieciséis años. También se hizo muy amiga de Chantal, mi actual esposa. El único problema de Martha es que no se puede vivir con ella porque tiene unos horarios imposibles.

-La música une mucho.

-Sí, la música y otras cosas. Nos conocemos mucho musicalmente. Aunque con Martha es siempre una cosa nueva. Si tocó Ravel ayer, no quiere decir que mañana va a ser igual. En cuestiones generales, por supuesto que sí, como el estilo, etc. Pero los tempi… nunca se sabe. Es siempre una sorpresa.

Dirige la batuta. Charles Dutoit es una leyenda de la música clásica. Su presencia en el Teatro Colón es un lujo. Foto Juano Tesone

Dirige la batuta. Charles Dutoit es una leyenda de la música clásica. Su presencia en el Teatro Colón es un lujo. Foto Juano Tesone

– ¿En qué momento de su carrera y vida personal lo encuentra esta gira?

-Bueno, no sé bien. Me encanta trabajar y estar aquí, pero quisiera lentificar un poco, como un viejito, ¿no?

-Cuesta imaginárselo…

Quiero hacer sólo cosas que me gusten, sin importar la carrera o el dinero. Quiero hacer cosas con orquestas nuevas también. Hemos tocado en Lituania, estuve dos o tres veces antes, pero nunca había tocado con la orquesta local. Es muy encantadora la experiencia. No tienen grandes presupuestos, pero no me importa, voy para ayudar un poco y están muy agradecidos de trabajar con una persona con mi experiencia.

Después de acá, nos vamos a Japón, luego a un festival en Georgia, en el Cáucaso. Son las experiencias interesantes.

-¿Piensa en el retiro?

-Retirarme no, pero quiero tener un poco más de tiempo para viajar por placer y ver cosas. Durante la pandemia tuve bastante tiempo libre y lo disfruté. Ahora todos los compromisos se vienen encima de nuevo y no quiero empezar otra vez ese tipo de vida vertiginosa. Pero sí hacer lo que me gusta.

WD



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