miércoles, septiembre 28HOLA OCAMPO!!

la perdedora de La Voz Argentina que hoy es la revelación joven del folclore


La vida de Maggie Cullen, de tan solo 21 años, tuvo un antes y un después tras su participación, el año pasado, en La Voz Argentina por Telefe.

Pese a haber perdido y resultado semifinalista, es la única de aquel certamen que logró popularidad y transformarse en una cantante profesional: llena teatros y es reconocida por la gente.

Maggie Cullen. Foto de prensa.

Maggie Cullen. Foto de prensa.

Además de ser una genuina intérprete folklórica de artistas consagrados como Fito Páez, Dúo Salteño, Jorge Drexler o Los Carabajal, cuenta con un plus extra: la mixtura de calidez con dulzura, características no menores captadas por un público que tanto la quiere, que tanto la aclama y que crece día a día.

Días ajetreados

Maggie llega a las apuradas a la cita con Clarín. Lleva una botellita de agua en su mano. Saluda con un abrazo fraterno y de inmediato se interna en el corazón del Parque Lezama para la sesión de fotos.

Salta por el aire, propone ideas, sonríe, tiene calor, se saca el abrigo. Ya aflojó el frío intenso en la ciudad. El sol es el gran protagonista este mediodía. La vocalista toma un sorbo de agua entre foto y foto, se muestra tal cual es en cada movimiento o gesto.

Maggie Cullen. Foto: Lucía Merle.

Maggie Cullen. Foto: Lucía Merle.

Cuenta que su mañana tuvo mucho ritmo. Hubo gym y también ensayo musical. Por ende, no hubo respiro alguno. De Palermo, directo a San Telmo. Todo es bastante novedoso para ella, como por ejemplo sentarse con el periodismo. Sin embargo es detallista: piensa antes de hablar, mira las fotos, opina, no se le escapa una.

Pese a ser puntillosa en ese sentido, se nota que está dando sus primeros pasos, aunque con una notable particularidad: aún no cuenta con un disco grabado, pero según revela “estoy en eso, de manera intensa, grabando, eligiendo canciones”.

Asimismo, no se encuentra sola dentro de este proceso de crecimiento. “Todo este último tiempo me aboqué a todo. Incluso me ocupe de armar un equipo de trabajo, una productora nuestra, Del Bien Producciones se llama, porque siempre pretendo rodearme de buena gente”, afirma.

En menos de un año llenó dos veces la sala Siranush, un ND y dos Margarita Xirgu. Ahora, el 30 de septiembre llegará al Opera de La Plata, todos desafíos que toma con calma y naturalidad.

“Siempre tuve un lazo con la música. Estaba acostumbrada porque cantaba en peñas. La Morena era como mi segunda casa, allí siempre estaba arriba del escenario. Hoy siento que las tablas son mi lugar natural, en donde me siento a gusto. Sueño con cantar un día en el escenario mayor de Cosquín”, se sincera.

De las peñas a los escenarios grandes

En realidad el antes y el después de Cullen tuvo otros momentos claves, a la par del programa del canal de las pelotas. Y ella está convencida en ese sentido. “Tanto Soledad Pastorutti como Abel Pintos me invitaron a cantar a sus shows en el Movistar Arena. A partir de entonces, todo creció de golpe. Fue mucha generosidad de su parte, siempre les estaré agradecida. Tuve la aprobación de ellos y de gran parte de su público. Esa fue la confirmación de que voy por el buen camino”.

Maggie Cullen. Foto: Lucía Merle.

Maggie Cullen. Foto: Lucía Merle.

La exposición televisiva y los shows junto a dos popes de la música popular a su vez le otorgó un crecimiento que se tradujo en sus redes sociales de manera veloz.

“Cuando empecé en La Voz Argentina tenía mil seguidores en Instagram y tras todo esos sucesos que te comenté, de pronto tenía 180 mil; algo impresionante sucedió. Es más, al principio me costaba el tema de redes sociales, pero ahora me doy cuenta que también es parte del trabajo”, analiza.

¿Pero cómo fue que llegó a La Voz Argentina? Según recuerda, no estaba en sus planes, sino de un amigo suyo. “Estábamos en Alta Gracia, Córdoba, en vacaciones con mi familia y amigos, en la casa que era de mis abuelos, en el campo. Resulta que Tomás Spagnol, gran amigo, que está en el Team Lali actualmente, fue quien me convenció. Entonces me grabé en el campo y envié el videíto. Así fue como ingresé”.

El mayor miedo por afrontar no fue el jurado ni las cámaras televisivas, sino una particularidad de sí misma:

Soy bastante torpe, mi temor era que se me rompa un taco al aire, o que se me caiga la guitarra. De todos modos, creo que mostrarme auténtica, tal cual soy, ayudó y ayuda. A punto tal que hace poco me olvidé parte de una letra de una canción en el teatro, lo dije, y la gente de todas formas me aplaudió; les gusta que me muestre tal cual soy”, relata con una sonrisa constante en su rostro.

No se trata, en el caso de Maggie, de alguien improvisado. Ella cuenta con estudios musicales previos. Lo suyo no era una hobby solamente. “Yo estudiaba música de cine en la UCA. Sabía que venía por este lado, aunque no me había planteado ser una cantante profesional. Es cierto que todo lo que tenía que ver con la música siempre generó interés en mí”, señala.

Por otra parte, también ejerce actividad como docente: “Dos veces por semana doy clases de comedia musical en el Colegio Nuestra Señora de la Misericordia. Me gusta dar clases y aprendo mucho de los niños, su inocencia es una enseñanza para mí”.

La familia como gran apoyo

Maggie Cullen. Foto: Lucia Merle

Maggie Cullen. Foto: Lucia Merle

Sin dudas fue crucial el rol de sus padres en esta especie de historia de hadas para una joven cantante con repentina e inesperada fama. Y así ella lo hace saber con gratitud en sus palabras:

“Mis padres son unos capos, tienen 50 años; papá es psicólogo y mama es psicopedagoga. Siempre respetan y acompañan lo que voy decidiendo. Me aconsejan y no me imponen nada. De chica ya me llevaban a la peña del barrio, en Palermo”.

Sobre sus padres se encarga de no pasar inadvertido otro detalle sobre la marcha. “Ellos no suelen venir a todos mis compromisos porque tienen sus trabajos y actividades, pero siempre e esperan en casa o me miran por la televisión. Cuando regreso, con algo rico me esperan, como unos mates, unas tortillas de papa o empanadas. Después les cuento todo lo que pasó, con lujos de detalle”, describe y lanza una carcajada.

Lo llamativo es que siendo una joven porteña tenga tanto fanatismo por el folklore, en épocas que está en boga el trap y el reggaetón entre la juventud.

“Es cierto lo de los jóvenes, pero sucede que lo que escuchaban en casa influyó en todas nosotras, que somos cuatro hermanas; yo soy la mayor. A tal punto que con mis hermanas comparto la música también. Tenemos un grupo de folklore que se llama La Cullen. Cantamos las cuatro juntas”, comparte con entusiasmo.

Y luego agrega otro aspecto fundamental: “La mayoría de mis amigos gustan del folklore; muchos de ellos son del interior del país. Tengo amigos de Trenque Lauquen, Gualeguaychú, Tres Arroyos, Corrientes. Ellos vienen del campo, de zonas rurales, les gusta lo tradicional tanto como a mí. Compartimos los mismos valores y estilos de vida”.

Las influencias

A diferencia de otros cantantes que pasaron por el gran programa televisivo conducido por Marley, para Maggie no son precisamente los consagrados del jurado a quienes admira con fanatismo.

“Los respeto, aprendo de ellos, soy agradecida, pero mis grandes referentes son Jorge Cafrune, El Dúo Coplanacu, Natalia Lafourcade. Aunque la cantante a quien más admiro es Yamila Cafrune,” dice.

Al mencionar a Yamila, de inmediato se le encienden los ojos de alegría, porque hace apenas unas pocas semanas pudo conocerla. “La conocí hace poquito e hicimos un vivo por Instagram por el Día del Folclore, el pasado 22 de agosto. Hablamos por teléfono, quedamos en juntarnos a tomar mate y que me cuente de su trayectoria y me aconseje con el folklore”, resalta.

Una experiencia religiosa

De pronto la conversación regresa al marco de sus más cercanos, y no es menor lo que devela la joven artista sobre su vida personal. “Soy católica, soy creyente, hago un voluntariado, formo parte de un grupo misionero parroquial y he viajado a diferentes partes del país para compartir con otra gente”.

Es en este terreno cuando se traduce con mayor precisión lo de contar con tantas amistades y conocidos de otras partes del país. “Hace poquito me tomé vacaciones y me fui a un voluntariado a la Colonia Bajo Hondo Chico, en Chaco. Fui con muchos amigos, a hacer un acompañamiento a la gente, ver qué necesidades más concretas tienen y sobre todo a poner el corazón”, enfatiza.

Cuenta que además fue dos veces caminando a Luján a principio de octubre, en la procesión anual que suele realizarse. Por otra parte, se refiere a un encuentro que se realiza para otras necesidades humanas.

“Hay una peregrinación de enfermos en Luján. Se organiza con el fin de un festejo, para gente que está sola y necesita recibir afecto. Ahí también estoy yo”, recalca.

Maggie intenta dejar en claro que esta parte de su vida corre en paralelo a la música. “Me nutro mucho del compartir, es también conocer a la gente de mi país, me nutro de otros”.

A su vez, destaca algo crucial, según su parecer: “Mis compañeros son verdaderos amigos que se supieron adaptar a todos mis cambios. Vienen a todas mis funciones y cuidan mi intimidad así como yo también lo hago. No es negociable perder ese universo, el de la familia y amigos. Si llegara mayor fama y no los tuviera, se perdería lo mío. Es mi base, sin eso no podría mantener todo el resto”, asegura.

Antes de tomar el último sorbo de café con leche en el bar donde se produce la entrevista, le viene a la memoria algo importante que le expresó Gerardo Rozín cuando ella visitó La Peña de Morfi.

“Chiquita, vos le vas a hacer muy bien a este país, no aflojes; rodeate de gente buena, que te lo vamos a agradecer”, detalla, emocionada.

-Maggie, ¿cuál es tu gran misión con la música?

-Primero es llevar paz y amor a la gente. Además, que se sepa que existimos los jóvenes a los que nos une el folklore y el amor por nuestro país. No somos de un museo, nos movemos por festivales y peñas. Quiero que se sume más gente; con eso ya soy feliz.

MFB



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