04/02/2026

Menos alumnos, aulas más chicas y un debate abierto sobre la enseñanza


El fenómeno, asociado a la baja sostenida de la natalidad, ya empieza a sentirse en el sistema educativo y abre un debate que atraviesa a directivos y docentes: ¿menos alumnos en el aula garantizan una mejor enseñanza? ¿Qué efectos tiene la caída de matrícula sobre la organización escolar y la estabilidad laboral?

En el conurbano sur, donde conviven escuelas de gestión estatal y privada, las respuestas no son lineales. La experiencia cotidiana en las aulas muestra matices que van más allá de los números.

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Caída de matrícula y aulas más chicas

El informe señala que la reducción de la matrícula impactará directamente en el tamaño de las aulas. Si se mantuviera la misma cantidad de secciones que en 2023, hacia 2030 crecería con fuerza la proporción de cursos con menos de 20 alumnos y casi desaparecerían las divisiones de más de 30 estudiantes.

En promedio, el ratio nacional de alumnos por docente en el nivel primario urbano pasaría de alrededor de 16 alumnos en 2023 a unos 12 en 2030. Todas las provincias mostrarían descensos, aunque con diferencias según el territorio. En Buenos Aires, pese a la caída proyectada, seguiría estando entre las jurisdicciones con mayor cantidad de alumnos por docente.

Estos datos alimentan una idea instalada desde hace años: menos alumnos por aula permitirían un acompañamiento más personalizado. Sin embargo, quienes trabajan todos los días en las escuelas advierten que la relación no es automática.

“No es una fórmula lineal”

Roberto González, director del Colegio San Patricio de Lomas de Zamora, sostiene que desde lo teórico es razonable pensar que cursos más pequeños favorecen el proceso de enseñanza y aprendizaje, pero aclara que la realidad escolar es más compleja.

“En mi experiencia tuve divisiones con pocos alumnos y mucha conflictividad, donde costaba dar clases, y aulas muy numerosas donde la dinámica fluía”, explicó. Incluso recordó que el año pasado tuvo a su cargo una división de 42 alumnos y la describió como “un lujo” desde el punto de vista del trabajo en el aula.

Para González, la dinámica de cada grupo, el clima escolar y las características de los estudiantes pesan tanto como la cantidad. “No es algo lineal ni una fórmula que se repite siempre”, señaló.

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Autonomía y límites en la provincia de Buenos Aires

En las escuelas de gestión privada, la respuesta frente a la baja matrícula depende en gran medida de la entidad propietaria. González explicó que, aunque la normativa es similar a la de las escuelas estatales, existe margen para decidir si se sostienen o no divisiones con pocos alumnos.

En la provincia de Buenos Aires, el principal límite es el máximo de 39 alumnos por aula. Superar ese número requiere una autorización especial de inspección. En cambio, no hay un mínimo obligatorio para las escuelas privadas no subvencionadas, lo que permite mantener cursos reducidos si la institución así lo decide.

“El condicionamiento más fuerte es no pasar los 39 alumnos”, señaló. Aun así, reconoció que se trata de un número alto y que el debate sobre la cantidad ideal de estudiantes sigue abierto.

Docentes y el número “ideal” de alumnos

Desde el aula, la mirada docente suma otra capa al análisis. Micaela Larranda, profesora de secundaria en el sector privado, cuestionó la idea de que menos alumnos siempre signifiquen mejor enseñanza.

Para ella, un curso de 10 estudiantes puede resultar demasiado pequeño. “El número ideal ronda entre 25 y 30 alumnos”, afirmó. Según explicó, grupos muy reducidos suelen tener menos diversidad y se vuelven frágiles frente al ausentismo o la deserción parcial de algunos estudiantes.

En su experiencia, cuando el curso es demasiado chico se pierde riqueza en el intercambio y se dificulta sostener la planificación. “No me aburro, pero no encuentro la riqueza de la clase”, resumió.

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Inestabilidad laboral y malestar en las escuelas privadas

Larranda también puso el foco en las consecuencias laborales de la caída de matrícula. Al trabajar en el sector privado, considera que una menor cantidad de alumnos se traduce directamente en menos ingresos para la institución y, potencialmente, en ajustes.

“Eso genera inestabilidad en la comunidad docente”, señaló. El temor a despidos, recortes de horas o demoras en los pagos produce un clima de malestar que impacta en el trabajo cotidiano.

La docente remarcó que, aunque los salarios tienen un piso establecido, en la práctica existen pequeñas diferencias entre instituciones y que cualquier reducción de ingresos afecta al trabajador. “Con todo lo que el docente hace dentro y fuera del colegio, vivir ese malestar cansa y no es lo ideal”, afirmó.

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