22/04/2024

Las columnas de Sócrates | La ideas del crack brasileño forjador de la Democracia Corinthiana



«El Rey Pelé siempre me hace llorar», escribió Sócrates en octubre de 2001 en una de sus primeras columnas en la revista brasileña de izquierda «Carta Capital», que ahora se pueden disfrutar en el libro Sócrates futbolista – las crónicas del doctor, en el que se puede leer y seguir la línea de pensamiento de uno de los deportistas más importantes de la historia brasileña. En ese medio político, Sócrates, referente del fútbol brasileño de los 80, publicó sus textos hasta 2011, poco antes de su muerte, ocurrida el 4 de diciembre de ese año.

Había que tener cojones entonces para criticar a Pelé, ídolo del fútbol a nivel internacional cuya contracara era Diego Maradona. Pelé y Maradona eran hasta entonces considerados los mejores futbolistas de la historia. En 2001 Messi era un proyecto. Si Maradona era el drogadicto que no entrenaba y que se peleaba con todos, Pelé era el orden, el yerno bueno, y el que estaba en favor de la FIFA y de la Confederación Brasileña de Fútbol. De hecho, a eso se refiere Sócrates en esa columna titulada «El Rey siempre me hace llorar».

Sócrates, cuyo nombre completo era Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, es recordado por ser el líder de un Corinthians que quedó en la historia por tres cuestiones: sus títulos en 1982 y 1983, su enorme nivel de juego y por la democracia corinthiana. En tiempos aún de dictaduras salvajes en América Latina –incluyendo a Brasil–, los jugadores del Corinthians, dirigentes y ayudantes de campo elegían todo a través del voto. El jugador además brilló en el seleccionado brasileño de los mundiales de 1982 y 1986.

Siempre se consideró un tipo popular. Médico recibido, después del Corinthians jugó en la Fiorentina, de Italia, pero no pudo o no quiso adaptarse al fútbol de ese continente. Regresó a Brasil para jugar en el Flamengo, Santos y Botafogo. Ya retirado, incursionó como entrenador pero no logró buenos resultados. Fue artista, periodista y comentarista. Participó en discos y audiovisuales. Nunca superó su adicción al cigarrillo y al alcohol, que derivó en su muerte horas antes de que el Corinthians lograse otro título local, tal como él soñaba. «Quiero morirme con el Corinthians campeón», anheló alguna vez.

Pero entre tanto, Sócrates es recordado por su pensamiento e intelectualidad. Algo así como nuestro Jorge Valdano. Su forma de pensar y sentir ahora puede conocerse gracias al más que recomendable libro Sócrates futbolista – Las crónicas del doctor, que la editorial chilena Hueders distribuye en Argentina en su edición en español.

En estas páginas, se recordará la opinión de Sócrates sobre la importancia de los clubes deportivos en la sociedad brasileña, un tema minimizado por las grandes estrellas del deporte. Sócrates no sólo aporta su propia idea, sino que va por más cuando hace propuestas para solucionar o mejorar al deporte de su país. Cuenta por qué apoyó a Lula en su campaña para presidente pero también es crítico con su gestión. Sócrates futbolista se divide en capítulos: El juego, El filósofo, Anecdotario, Política, Sobre los ídolos (y los que no son tanto) y Pasión. Y cierra con una entrevista que le hicieron periodistas vinculados a Carta Capital.

«Este libro no es puro anecdotario, sino una compleja mirada al último medio siglo de un país-continente», advierten los editores. Pocas líneas después, y en una de sus primeras columnas, Sócrates recordará su debut en el seleccionado brasileño al escribir que «no representábamos a nuestro gobierno sino a nuestro pueblo», en una clara toma de posición que se mantendrá en los siguientes textos. Habla de detalles que sólo se perciben y se entienden cuando se está dentro de la cancha y recuerda cómo se fue produciendo la decadencia del fútbol brasileño que pasó de un estilo brillante a otro insulso, responsabilidad –afirma– de los directores técnicos y no de los futbolistas, que nunca dejaron de aparecer en un gran nivel.

En sus textos elogia a Pablo Neruda y al Che Guevara, entre otros; menciones que lo llevarán a definir que «el fútbol es arte». Destacará a Maradona y a Messi, quien en ese momento no era todavía lo que es. Imaginen lo que escribiría hoy. Y recordará por qué The Beatles influyeron tanto en su personalidad: «Cuando niño me enamoré perdidamente de los Beatles (…). Junto al fútbol, la música fue fundamental en mi formación emocional e intelectual (…). El fútbol nunca me ofreció un ídolo total, algo que sí hizo la música con los Beatles. John Lennon me ayudó a comprender que abandonar el humanismo es avanzar hacia la destrucción de la humanidad. Perdí un poco el rumbo cuando la banda se disolvió, el cual retomé después, durante la mejor fase solista de John. Imaginemos a alguien luchando por la paz en pleno corazón de Nueva York, cuando la sociedad norteamericana estaba embarcada en la invasión a Vietnam. Una persona enorme que defendía sin miedo las causas más nobles. Recuerdo la noche en que Paul McCartney tocó frente a miles de personas en el Morumbí, el momento en el que, finalmente, pude juntar todos los pedazos que forman lo que hoy soy».

Sócrates escribe sobre la arrogancia en el fútbol. Recuerda al jugador que le negó un autógrafo a un niño que se lo pidió educadamente, opina sobre los dirigentes del fútbol brasileño que tanto dejaban y dejan que desear y hasta hace referencias a los momentos de felicidad colectiva que vivió gracias al deporte. Hará mención al Corinthians y a Carlos Tevez. Y seguido volverá a su ídolo de infancia: Pelé.

Recuerda los partidos del Santos que iba a ver con su papá. «En la cancha fuiste un rey», escribe. Pero también: «(…) Tampoco puedo creer tu ambición desmedida por el dinero. No puede ser que no te apoyes en alguna filosofía, en alguna ideología. Mis ídolos, el Che y John Lennon, murieron. Lloro que no estén aquí. En el último tiempo, tu presencia también me hace llorar».



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